De los tres ochos, a las 6 horas de jornada laboral

8horas

Hoy muchos vemos como normal que solo podamos disfrutar de un tercio de nuestra vida. Diariamente dormimos aproximadamente ocho horas, trabajamos otras ocho horas, por lo que nos quedan tan sólo ocho horas para disfrutar con libertad de nuestra vida. Pero esto siempre no ha sido así, y muchos han tenido que luchar para que hoy nosotros podamos vivir los tres ochos.

Efectivamente no siempre hemos trabajado ocho horas diarias. Durante la revolución industrial, la jornada de trabajo estaba muy cercana a la esclavitud, a pesar de que existía una regulación del año 1496 en Gran Bretaña que indicaba que la jornada laboral no podía exceder de 15 horas diarias, en un periodo que transcurría desde las 5 de la madrugada hasta las 8 de la noche. Las condiciones laborales como podemos leer, no eran ni en sueños las que hoy podemos tener, y como podéis entender este tipo de jornadas laborales tan largas, permitían tener muy poco tiempo para crecer como personas, pues prácticamente, quitando las horas de sueño, los trabajadores pasaban la mayor parte de su vida trabajando para sus patrones.

Las luchas por una jornada laboral reducida, más justa y que proporcionase una mayor calidad de vida a los trabajadores, no fue fácil de conseguir, y fueron muchas las luchas obreras que se tuvieron que producir durante un periodo prolongado de tiempo en el siglo XIX. Desde que en 1810, Robert Owen, pionero en reivindicar unas mejoras en las condiciones de los trabajadores, apostando por una reducción de la jornada laboral a 10,5 horas, mejora de los salarios, de la acción social como la vivienda, la educación y la salud de los obreros. Hasta que en 1817 el mismo Robert, formulara como objetivo la jornada de ocho horas, y acuñará el lema “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación, ocho horas de descanso“.

El movimiento obrero, para reivindicar una jornada laboral de “ocho horas” fue calando durante los siguiente años cruzando fronteras y continentes, pero necesitó de muchos años de lucha, hasta que en 1866 la Asociación Internacional de los Trabajadores en Ginebra definió como reivindicación central la jornada de ocho horas, y posteriormente la Federación Estadounidense del Trabajo en 1884, declaró que a partir del 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo sería de 8 horas, declaración que provocó que el gobierno de los Estados Unidos promulgara la Ley Ingersoll que establecía la jornada laboral de ocho horas.

Sin duda, sin la lucha de las grandes organizaciones sindicales norteamericanas el cumplimiento de esta polémica ley no se hubiese podido cumplir. Más de 200.000 trabajadores se pusieron en huelga el 1 de Mayo de 1886 con el objeto de conquistar la jornada laboral de 8 horas, y tras muchos días de Huelga, las patronales tuvieron que ceder a finales de mayo para conceder a los trabajadores norteamericanos una jornada laboral de 8 horas.

En España, como en casi todo, esta lucha por la jornada laboral de 8 horas, llego tarde. No es hasta 1919 tras una huelga de 44 días con más de 100.000 huelguistas, el gobierno español se vió obligado a aceptar las demandas de los obreros, y es aceptada la jornada laboral de ocho horas, el reconocimiento de los sindicatos y el reintegro de los trabajadores despedidos durante la movilización.

Tras un periodo bastante prolongado con la jornada laboral de ocho horas, muchos otros movimientos sindicales en distintos países han ido reclamando una disminución de la jornada laboral a seis horas, comenzando una nueva lucha, quizás con menos intensidad que la anterior, pero que nos tiene que llevar a la movilización y el activismo por esa nueva jornada laboral de seis horas, que ya muchos sociólogos y economistas de reconocido prestigio internacional, indican como unas de las posibles soluciones a las altas tasas de desempleo que se dan en Europa y Estados Unidos, y a una mejor conciliación familiar para los trabajadores, que verían aumentadas sus horas de ocio, cuestión que también indican que favorecerían un aumento del consumo, y con ello de la producción de los bienes de consumo para poder satisfacer las necesidades de los trabajadores con más tiempo para consumir.

La jornada de trabajo se ha ido reduciendo en muchos países europeos desde la década de 1970, desde la jornada de 35 horas por semana en Francia, o quizás la conquista laboral más reciente, la jornada de 6 horas ó 30 horas semanales en Suecia, pueden ser los indicadores que puedan utilizar las organizaciones sindicales de otros países para comenzar a introducir en sus discursos, la lucha por una jornada laboral de seis horas.

Aunque de todos es conocido que en el discurso de las posiciones neoliberales, se demanda una subida de las horas de trabajo como condición para la prosperidad de un país, esa mentira no es sostenible en la actualidad tras hacer un repaso de como la economía de los países que han ido reduciendo las jornadas laborales al mismo tiempo ha ido creciendo su PIB. El problema del desempleo en todos los países europeos es un drama que las organizaciones sindicales tienen que ir procurando y proponiendo soluciones, y quizás una de las más sostenible sea la reducción de la jornada de trabajo, es decir, un mejor reparto del mismo entre toda la población que demanda una oportunidad para trabajar.

Manuel Antonio Conde del Río

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Una respuesta a De los tres ochos, a las 6 horas de jornada laboral

  1. Aún así, reivindicandose este derecho durante tantos años, en España en la que tenemos un tejido empresarial formado en un 99% PYMES en el 75% de ellas el presentismo sigue estando vigente por lo que la jornada, actualmente de 8 horas, se extiende al menos una hora más hasta que todos salen después del jefe. Esto es lo que refleja un estudio de la Fundación Máshumano ( http://mamiconcilia.com/diagnostico-de-la-igualdad-de-oportunidades-en-la-pyme-espanola/)

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