Consumismo y Obsolescencia Programada

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Por: Manuel Antonio Conde

Twitter: @maconder

Es curioso que la Obsolescencia programada o planificada inicialmente tuvo un origen, no solo para hacer ganar más dinero a los productores, sino pensando en el sostenimiento de las cadenas de producción de las fábricas y con ello el mantenimiento del empleo. Me llama la atención los intentos que han tenido distintos personajes a lo largo de la historia para incluir la obsolescencia programada como un mecanismo obligatorio para las empresas y como una forma de castigo al consumidor. Si pensamos fríamente en la obsolescencia programada, puede llegar a tener sentido, pues de forma directa esta ayuda a mantener las fabricas productoras de productos de consumo abiertas y con ello es mantenedor de empleo o generados de nuevos empleos. Al final, todo se resume en lo mismo, si existe el consumo existe el empleo, otra cuestión a analizar es la si algunas prácticas extremas de obsolescencia son éticas y morales.

Esto me recuerda a prácticas de muchos fabricantes tecnológicos, que ya no utilizan la obsolescencia programada como tal, sino el avance tecnológico programado o obsolescencia tecnológica programada, para mantener a los consumidores enganchados a los distintos avances de un producto determinado, como ha venido ocurriendo con muchos dispositivos electrónicos. Es posible que muchos de los dispositivos electrónicos que hoy están disponibles como último modelo, estuviesen inventados como tal hace varios años, pero los fabricantes para crear una expectativa continua sobre un determinado producto electrónico van lanzando modelos menos avanzados, con el fin de mantener sus ventas continuas, un caso muy llamativo es el de los teléfono smartphones o el de la tabletas digitales.

Otro fenómeno, que no se bien como definir, sería las prácticas que realizan muchas empresas del sector de software de juegos para ordenadores, que lanzan nuevos juegos o versiones que siempre requieren de una mayor tecnología en el equipo, a pesar de que el juego en si continúa siendo el mismo, es decir, lo único que cambia de una versión a la siguiente es las características de la máquina en la que tiene que correr, y esto provoca la continua modernización de los equipos y sus componentes por parte de los consumidores si desean jugar esa nueva versión de su juego favorito.

La obsolescencia programada, aunque a priori pueda parecer una barbaridad, puede crear un fuerte debate entre el mantenimiento de los puestos de trabajo  y los derechos de los consumidores o la preservación del medio ambiente. Tras la lectura del trabajo de Pedro Daniel Ramírez López, titulado “Obsolescencia Tecnológica Programada: Un artículo que no desgasta es una tragedia para los negocios”, (Ramírez López, 2012) me ha hecho pensar mucho sobre este debate “Trabajo vs consumidores”, y lo que inicialmente me parecía que no estaba muy bien, hoy se me plantean dudas que antes nunca me había planteado.

Universidad de Huelva. Medio, control social y conciencia crítica. 2015

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